Dos décadas después de que The Devil Wears Prada se convirtiera en biblia fashionista, su secuela llegó con tacones afilados y cero intención de pasar desapercibida. The Devil Wears Prada 2 debutó con un poderoso golpe de $77 millones en Estados Unidos y Canadá, y un total global de más de $156 millones. Sí, Miranda Priestly sigue dictando tendencia… también en taquilla.
El regreso de Meryl Streep, Anne Hathaway, Emily Blunt y Stanley Tucci no solo encendió la nostalgia, también movilizó a una audiencia mayoritariamente femenina que representó el 76% de los boletos vendidos. Y ojo: tres de cada cuatro salieron del cine listos para recomendarla, lo que ya nos dice que el fenómeno apenas empieza.

Mientras tanto, Michael tuvo que conformarse con el segundo lugar. Aunque no le fue nada mal —$54 millones en su segundo fin de semana—, el biopic del Rey del Pop no pudo competir con el huracán Prada. Aun así, su acumulado global ya supera los $423 millones, así que tampoco es que esté sufriendo.
La secuela nos regresa al universo de la revista “Runway”, pero en un contexto mucho más caótico: el mundo editorial en crisis, menos glamour… y más presión. Una jugada arriesgada que dividió a la crítica, pero que claramente no le importó al público.
Detrás del fenómeno también hay estrategia pura: una gira promocional global digna de portada, alfombras rojas en ciudades clave y hasta la bendición de Anna Wintour, la mente real que inspiró a Miranda. Porque sí, cuando la moda y Hollywood se alinean, el resultado suele ser viral.

Y por si había dudas del hype: el interés por la película original se disparó más de 400% en streaming en semanas previas al estreno. Básicamente, todos estaban haciendo tarea antes del regreso de la jefa.
El dato curioso (y un poco irónico): aunque esta secuela costó cerca de $100 millones —mucho más que la original—, gran parte del presupuesto se fue en pagar a su elenco estelar. Porque claro, el glamour no se paga solo.
Con este arranque, Hollywood inaugura su temporada de verano sin necesidad de superhéroes. Esta vez, el verdadero blockbuster viste de diseñador, camina en tacones… y no acepta un “no” como respuesta.